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El ejemplar legado de Rocío Giráldez en el ‘Día de la madre’: “No es justo decidir entre fútbol y maternidad”

Fue una de las futbolistas más importantes de su época, llegando a defender la camiseta de la Selección Española en siete oportunidades. Durante once temporadas en el histórico CD Hispalis, decano del fútbol femenino en Sevilla, y un cierre de carrera en el Sevilla FC, brilló con intensidad en el verde, pero la precariedad del ámbito en el que se movía acabó siendo fundamental para que su carrera deportiva se acabara. Rocío Giráldez Hidalgo (Sevilla, 20-3-1972) decidió casarse y ser madre, algo que provocó su alejamiento de los terrenos de juego. Tiempo después volvió a calzarse las botas, pero el regreso no duró demasiado. En el ‘Día de la madre’ de 2019, la Asociación de Futbolistas Españoles quiere rendir tributo a la jugadora sevillana y su ejemplar legado, perfecto ejemplo para tener claro que en España es necesario un Convenio Colectivo para el fútbol femenino.

AFE presentó hace tiempo su protocolo de embarazo y maternidad para el fútbol femenino con el fin de que las futbolistas estén perfectamente protegidas, para que puedan desempeñar con todas las garantías y derechos su profesión. Rocío fue una referencia en su tierra, formando parte de la Selección Andaluza 30 veces y defendiendo en 28 la camiseta de la Selección Sevillana. La guinda a su trayectoria, 7 veces internacional con la Selección Española absoluta. Un ejemplo para todas sus compañeras de ayer, hoy y mañana.

El fútbol, herencia familiar

“Lo del fútbol me venía de familia porque soy prima de Antonio Álvarez -histórico jugador del Sevilla- y también porque me gustaba. Jugaba en la calle con chavales y yo era la única niña”, evoca la futbolista andaluza en una entrevista concedida a AFE. “Era mi pasión y lo sigue siendo”, enfatiza, aunque reconoce que en aquella época “no era habitual ver a una niña jugando al fútbol. Pero yo siempre estaba cerca de mi balón, que era lo que me hacía más feliz”.

Recuerda que “mi familia, que es muy sevillista, no lo veía mal; me daba igual lo que la gente pudiera opinar. No se veía bien que jugara una chica, pero no me importaba lo que dijeran de mí. El fútbol siempre ha sido para mí sacrificio, oportunidad y un sueño cumplido”.

Pili Vargas, la primera entrenadora española en obtener el título nacional, decide constituir un club, el CD Hispalis, y “con 20 años inicio mi carrera en un equipo”. Rocío había jugado al fútbol sala, pero es entonces cuando el sueño de niña comienza a cuajar de verdad. Juega con la Selección Sevilla, poco después con la Andaluza y un buen día acaba siendo convocada para formar parte de la Selección Española Absoluta.

El seleccionador nacional, en un Campeonato de España, la ve en acción en un partido de la Selección Andaluza y al acabar, su entrenador le da la buena nueva: había sido convocada para defender la camiseta roja de España. “No me lo creía porque era ver hecho realidad un sueño, algo por lo que luché durante muchos años. Estaba loca de contenta y mi gente también, porque había visto lo que había luchado por alcanzar ese objetivo”, resalta la sevillana.

Rocío entró en otra dimensión, un mundo desconocido y maravilloso que la hizo feliz. Recuerda que en su debut como internacional, ante Suecia, “vi un nivel que nunca había visto. Me preguntaba cómo lo haría... La verdad es que no salieron muy bien las cosas aquel día; jugué la segunda parte y recuerdo que nos marcaron muchos goles”.

Autógrafos en Holanda

Fue siete veces internacional y significa que “en la Selección Española me lo pasé muy bien. Me llamó mucho la atención, en un partido en Holanda, que los chiquillos nos pidieran autógrafos; nunca me había pasado y me marcó mucho. Estaba claro que allí tienen otro concepto del fútbol femenino y es algo que me impactó”.

En aquella época no es que fuera amateur, es que tanto Rocío como sus compañeras debían pagar por jugar. Desplazamientos, compra de ropa deportiva… “Todo eran gastos para la futbolista”, explica. En su caso, “vivía con mis padres, pero trabajaba y no necesitaba mucho dinero para vivir. Lo que pasa es que al final perdías dinero con el fútbol por esos gastos que debíamos asumir. Pero nunca me planteé abandonar porque cuando haces lo que te gusta, no piensas en esas cosas”.

Pero con el tiempo, a Rocío le aparece un cruce de caminos en su vida y le toca tomar una decisión. “Llega un momento en el que quieres casarte, tener hijos y te lo vas planteando. ¿Te compensa seguir con esa lucha?”, reflexiona años después. La realidad es que sigue jugando y, sin saberlo, disputa un partido amistoso, en Marbella, en la primera fase de su primer embarazo. “Me sentía cansada, no podía correr y no sabía la razón”, revive ahora. “Cuando supe la realidad, dejé de inmediato el fútbol porque es incompatible con un embarazo”, resalta.

El nacimiento de su hija

Nació su hija y, obviamente, no “tuve ayudas de ningún tipo porque no teníamos ni contrato”. Todos los gastos corrían a cargo de la futbolista y el club apenas tenía ingresos, siendo la venta de papeletas en rifas un modo de ingresar dinero extra.

Su amor por el fútbol impone su ley “y cuando mi hija ya tiene año y medio, evidentemente tengo la necesidad de volver a jugar y lo hago”. En esa segunda etapa, coincidiendo con el Centenario del Sevilla FC, el primer equipo del CD Hispalis pasa a jugar para el histórico club nervionense en la Primera División.

Rocío sigue jugando durante año y medio, pero se plantea volver a ser madre. Nace un varón, pero se mantiene en el verde, hasta que llega un momento en el que la vida familiar y todo lo que ello conlleva impone su ley. “Con dos hijos y sin cobrar, te vuelves a plantear si compensa seguir. ¿Le quito tiempo a mi familia? Es que no recibíamos nada…”, explica. Así llega una retirada no deseada.

Por todo ello, considera que “es muy injusto que una futbolista tenga que retirarse por ser madre o decidir entre el fútbol y la maternidad. Los futbolistas salen a hacerse fotos de la mano de sus hijos al campo, pero no lo hace ninguna mujer, no es lo habitual. Y cuando suceda, será muy bonito. Es injusto que eso nos pase a nosotras y tenemos que dar un paso al frente para evitar este tipo de cosas”. “No me imagino a Messi o Cristiano Ronaldo trabajando y jugando como nosotras, seguro que no rendirían como lo hacen”, añade. Y subraya que “el cuerpo de una mujer se transforma con el embarazo y para recuperar lo perdido a nivel físico se necesita mucho tiempo de trabajo”.

Equipo de veteranas

La situación actual no es la misma por fortuna, pero todavía queda mucho camino por recorrer y por ello Rocío reconoce que “me parece estupendo que AFE esté luchando tanto por unas futbolistas que tanto se lo merecen. Lo inicios fueron muy duros y ahora es necesario un Convenio Colectivo, hay que seguir luchando por lo que queremos las futbolistas. Y las que sean madres, que cumplan ese sueño. ¿Por qué hay que abandonar el fútbol al ser madre como me pasó a mí?”.

El amor por el fútbol sigue latente en su interior, “lo sigo bastante y hay que reconocer que ha dado un salto adelante enorme, ahí están las entradas en San Mamés y el Wanda Metropolitano en partidos de la Primera División femenina. En mi época no podíamos pensar que se produjeran este tipo de hechos”. Quiere poner en valor el trabajo que hicieron tantas compañeras en su momento porque si el fútbol femenino español ha prosperado tanto es “en buena parte gracias a nosotras, a las jugadoras de mi generación, que estuvimos ahí para impulsarlo”.

Ahora Rocío disfruta viendo a su hija jugar en la Escuela de Fútbol Antonio Puerta, donde ya lo hizo su hijo, y se le ilumina el semblante porque “se está formando un equipo de veteranas en Sevilla y yo voy a probar, al menos lo voy a intentar”. Nació futbolista y siempre lo será…

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