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La sonrisa de Santi Cazorla, el regreso de un mago del balón

El fútbol le echó de menos. Santi Cazorla ha vuelto a los terrenos de juego tras dos años viviendo una pesadilla que incluso le hizo plantearse dejarlo todo. Afortunadamente, no escuchó a esas voces.  “Orgulloso jugador del Villarreal FC”. Es lo que reza la biografía de Santi Cazorla en su perfil de Twitter. Una frase en la que el genio de Llanera expresa todos sus sentimientos para dejar atrás dos años muy duros. 

La pesadilla comenzó en una ciudad difícil de situar en el mapa europeo, Razgrad (Bulgaria). Fue el 1 de noviembre de 2016 en un partido de Champions League que el Arsenal disputó ante el Ludogorets. “Los descansos me mataban porque me quedaba frío. Me sentía lisiado al comienzo de la segunda parte y el dolor empeoró cada vez más. Esa noche lloré. Ya era demasiado. Tuve que parar”, evoca el futbolista. La cadena terminaba de romperse tras años de dolores que comenzaron un 10 de septiembre de 2013. Ese día, en un amistoso España-Chile en Suiza, Cazorla se retiró lesionado por un golpe en su tobillo que le provocó una fisura en el hueso. Desde entonces, Santi aprendió a convivir con el dolor. “Primero me permitía jugar, pero fue yendo a más cada día hasta que dejé de disfrutar sobre el campo para solo sufrir”, relata.

La lesión se había agravado, sin un foco claro de su origen. Lo peor que le puede pasar a un futbolista. Cazorla pasó por un calvario de operaciones y opiniones médicas en Inglaterra que acabaron dañando su físico y su mente hasta el extremo. Nadie sabía qué estaba ocurriendo. La solución la encontró en Vitoria, en las manos de Mikel Sánchez. “Los médicos dicen que nunca vieron algo tan extremo. No sabían cuánta parte del tendón se había comido la infección. Mikel (el doctor) me dijo que iba a abrir hasta encontrarlo. Me dijeron que tenían que abrir, abrir, abrir y abrir y cuando lo hicieron vieron que había perdido 10 centímetros de tendón. Fue cuando se dio cuenta de la gravedad en la que se encontraba el hueso. Estaba como la plastilina”, recordaba el futbolista en una entrevista con The Guardian.

Dos años después, Cazorla vuelve a sentirse “futbolista, algo muy especial”. Atrás ya queda todo lo malo, “muchos momentos en los que estás solo, cuando ves que la evolución no es buena, cuando lo intentas día a día y no consigues nada. Todo eso te hace plantearte si merece la pena seguir”.

Lesión extrema 

Afortunadamente, Santi Cazorla siguió. Poco a poco, con la ayuda de Mikel y varios fisioterapeutas, entre ellas Ruth García, futbolista del Levante. Tocó aprender a caminar sin problemas. Volver a activar esos músculos que llevaban tanto tiempo dormidos… Largas sesiones de trabajo en las que tocar el balón era un regalo. “Ese día me iba muy contento al hotel”, reconoce.

Un ejemplo de superación que enseñó a todos los que estaban a su alrededor que rendirse no es una opción. Lo comprobaron de cerca los jugadores del Juvenil B División de Honor del Alavés en los primeros días de junio. Junto a ellos, un doble campeón de Europa con España, se vestía de corto para volver a reactivar su carrera.

Bajo la supervisión médica de Mikel Sánchez, Cazorla se entrenaba con sus nuevos compañeros por las tardes en la ciudad deportiva del club babazorro. Días antes de eso, el Arsenal había anunciado que no renovaba su contrato. “Santi se unió al Arsenal procedente del Málaga en el verano del 2012 y durante este tiempo se convirtió en una parte fundamental del equipo, además de demostrar que es uno de los jugadores técnicamente más dotados de la Premier League”, señalaba el comunicado del club gunner.

Cazorla también emitió el suyo para agradecer “al Alavés las facilidades que me ha dado. Hemos pasado una experiencia muy bonita”. Contento de poder compartir sensaciones con jugadores que le habían transmitido la ilusión de un juvenil: “He tratado de que disfruten, de que se sientan como son ellos”.

Cariño como medicina

Fue el paso definitivo para volver. El último impulso para acallar de una vez por todas las palabras de ese médico que le dijo que se diera por satisfecho si podía jugar al fútbol con su hijo en el jardín de casa. “Ha pasado por algo muy duro y el mérito grande es el suyo. Nunca perdió la constancia ni la sonrisa, algo muy importante”, destaca Mikel Sánchez. “Es complicado, los 8 centímetros de tendón perdidos, hacer un injerto… Era un pronóstico muy incierto. La recuperación, la fuerza... Todo es mérito de Santi”, añade.

Y una vez con el alta para poder volver a competir, Cazorla regresó a su “casa”: el Villarreal. El club lo recibió con los brazos abiertos. El mago era amarillo de nuevo. Y como tal fue presentado. “Doy las gracias al Villarreal, ya no solo por abrirme las puertas cuando tenía 18 años, sino por haber sentido su apoyo en estos momentos tan difíciles y abrirme de nuevo las puertas. Cuando me fui de este club siempre supe que era un hasta luego”, reconoció.

Pero Cazorla no solo ha sentido el calor de la afición amarilla. Es un futbolista querido por todo lo que transmite. “Por suerte, tengo el cariño de todos los sitios donde he estado. Es el mejor sentimiento”, destaca. A sus 33 años, Santi Cazorla no pretende recuperar el tiempo perdido, solo quiere disfrutar de eso que tanto echó de menos durante tanto tiempo. La pelota, por supuesto, también sonríe. 

Tatuaje simbólico

“Debido a unas molestias en el tendón que llevaba arrastrando los últimos días, he tenido que volver a pasar por el quirófano. Toca retrasar la fecha de vuelta a los terrenos de juego, mantengo la ilusión y motivación para volver a disfrutar de mi gran pasión, el fútbol”, anunciaba el jugador en sus redes sociales en noviembre del 2017. Un nuevo golpe que encontró una fuerte respuesta de apoyo por parte de muchos de sus compañeros, quienes siempre estuvieron cerca de él y se volcaron en las redes sociales.

Dicen que las cicatrices son testigos mudos de los peores momentos. En el caso de Cazorla, el testigo de su calvario es un tatuaje en su antebrazo con el nombre de su hija, India, partido en dos. Una sílaba en el brazo. La otra sirvió como injerto para reconstruir su maltrecho tobillo. “Ahora tiene más significado que nunca”, confiesa el jugador cuando recuerda ese momento.

Artículo publicado en el tercer número de nuestra revista O11CE METROS.

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