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Entrevista a Moya Dodd: “El fútbol femenino debe ser más profesional”

Es una de las personas más respetadas en el ámbito del fútbol femenino. Pocas personas en el mundo han trabajado tanto, han luchado con tanta dedicación para que las futbolistas tengan la consideración que se merecen. Moya Dodd (Adelaida, Australia, 30 de abril de 1965), exfutbolista australiana, se ha dedicado desde que colgó las botas a trabajar para que sus compañeras tengan las mejores condiciones y los mismos derechos que los hombres.  

Invitada por AFE al World Football Summit que se celebró en Madrid, atendió a los medios oficiales de nuestra asociación para valorar la actual situación del fútbol femenino, qué pasos deben darse para tener el sitio que se merece. Moya, que disputó con Australia el primer Mundial, en 1988, lleva años trabajando desde organismos como FIFA o la Confederación Asiática de Fútbol para que las nuevas generaciones disfruten del fútbol con todo tipo de derechos.

La Asociación de Futbolistas Españoles trabaja desde hace tiempo en un convenio colectivo que las futbolistas reclaman, que necesita cuanto antes para desarrollarse como auténticas profesionales. Moya Dodd recuerda que “en mi país tenemos un convenio colectivo desde hace algunos años. Las futbolistas del equipo nacional fueron contratadas por la Federación de Fútbol de Australia a tiempo parcial hace muchos años, y cada vez que ha habido un nuevo obstáculo, las condiciones han mejorado. Por ejemplo, más recientemente hemos conseguido un convenio colectivo también para las futbolistas de la competición nacional, por lo que las jugadoras de la W-League ahora tienen más beneficios, como un salario mínimo o unas condiciones mínimas para jugar al fútbol”.

A pesar de que el crecimiento del fútbol femenino es incuestionable, queda mucho camino por recorrer. La australiana deja claro que “siempre hay discriminación de género en el fútbol. Si echamos la vista atrás, al principio, no podemos olvidar que se llegó a prohibir a las mujeres que jugaran al fútbol. Esas prohibiciones surgieron en Inglaterra y llegaron a Australia en 1920. Así que, aunque el fútbol femenino estaba arrancando entonces, finalmente tuvo que detenerse. Esa es la historia, arrancó, se perdió y por fin se puso en marcha de nuevo. Y eso no sucedió hasta que tuvimos competiciones internacionales, el Mundial de FIFA, en 1988, y los Juegos Olímpicos en 1996. Desde entonces hemos tenido un apoyo más continuado, reconocimiento por parte del gobierno, inversión y ahora la federación y los clubes están invirtiendo más en fútbol femenino, pero aún existe una brecha enorme entre la inversión en fútbol masculino y femenino”. “Por supuesto, el fútbol masculino genera más beneficios, pero eso también sucede porque tuvo mucha más inversión a lo largo de los años, por lo que pienso que lo importante ahora es que los clubes, federaciones y ligas tengan confianza a la hora de invertir en el fútbol femenino”, significa.

Muchas cosas han cambiado en la sociedad para alegría del fútbol femenino. Dodd recuerda que “el proceso en Australia es muy interesante porque el fútbol femenino ahora es para las niñas el deporte más popular. En el pasado siempre era el netball y ahora el fútbol lo ha sobrepasado como deporte de equipo más popular entre las niñas menores de 12 años”. Incide en que “más de 100.000 jugadoras ya están registradas y participando en competiciones regulares cada semana en Australia, y pienso que la actitud hacia el deporte femenino está cambiando generalmente. Es casi una época de renacimiento para el deporte femenino y no solo en Australia, sino alrededor del mundo”.

Al mismo tiempo, apunta, “cuando tienes grandes progresos es a veces cuando consigues la mayor resistencia. Puedes mirar alrededor y hay muchos clubes alrededor del mundo, incluso al máximo nivel, que no invierten nada en fútbol femenino. Esta es realmente una actitud del siglo pasado y creo que al final tu legado no es juzgado por tus abuelos, sino por tus nietos, por lo que apremiaría a los que toman decisiones en el fútbol al otro lado de la mesa, bien sean sponsors, federaciones, clubes, ligas… Ahora es el momento de invertir en el fútbol femenino y superar lo sucedido todos estos años pasados, décadas y décadas de discriminación”.

¿Qué se necesita para hacer el juego más profesional? Dodd tiene claro que “es un gran momento para que el fútbol femenino se vuelva más profesional. Los equipos nacionales llevan jugando desde hace unas cuantas décadas. Han participado en diferentes competiciones, pienso que el siguiente paso para seguir creciendo vendrá del fútbol de clubes”. “Las competiciones internacionales las vemos en nuestras pantallas cada dos o cada cuatro años. Necesitamos grandes ligas que sean visibles cada semana, necesitamos una competición internacional, como un Mundial, donde podamos ver a las grandes jugadoras del mundo jugando cada año en nuestras pantallas, no cada cuatro años. Pienso que las condiciones bajo las cuales las jugadoras juegan a nivel de clubes es lo que realmente les permite ser profesionales”, subraya. 

Además, siguiendo con esta cuestión, considera que “los equipos nacionales no van a ser la principal fuente de su actividad. El calendario es obviamente limitado para el fútbol internacional, y es el fútbol de clubes en el que se ganarán la vida semana tras semana y serán capaces de alcanzar su máximo nivel. Realmente no hemos visto todavía lo mejor del fútbol femenino porque muchas jugadoras lo siguen compaginando con trabajos a media jornada o incluso continúan siendo amateurs jugando a nivel internacional”. Y pone un ejemplo a modo de reflexión: “¿Puedes imaginar cómo jugaría Juan Mata si tuviera que trabajar todo el día en una tienda de deportes y luego jugar al fútbol por la noche? Es en lo que debemos fijarnos en cuanto al fútbol femenino, es el momento de conseguir una verdadera profesionalización”.

Recuerda que “la brecha salarial de género en el fútbol es enorme, por supuesto, porque el fútbol masculino es un negocio masivo, mientras que el fútbol femenino es un negocio mucho más pequeño. Pienso que la brecha salarial de género es solo una de las diferencias que existen. Hay brechas en todas partes respecto a las condiciones, al número de competiciones que se juegan, a los partidos... Pero creo que los desafíos están para que los líderes del deporte comiencen a cerrarlas. Por ejemplo, en el Mundial de hombres hubo un incremento significativo en el reparto de premios de casi 40 millones de dólares, por lo que el incremento para las mujeres debería ser al menos de esa cantidad. En caso contrario, la brecha estaría aumentando”.

Moya cree que “si queremos empezar a estrechar las diferencias, necesitamos asegurarnos de que cuando haya una nueva remesa de dinero disponible para invertir en salarios o en retribución de premios, que al menos la mitad vaya a las mujeres. Pienso que las mujeres en el fútbol no deberían estar satisfechas de ver incrementarse la brecha mientras están al mando. Creo que el liderazgo requiere que la diferencia comience a estrecharse. No conozco a muchas futbolistas que digan que deben cobrar exactamente lo mismo que los hombres ahora mismo. Creo que todas entendemos que el fútbol femenino es un negocio mucho más pequeño y que si tuvieses que pagar al jefe de la tienda de la equina lo mismo que le pagas al jefe de una compañía enorme, entonces verías que la tienda de la esquina entra en bancarrota muy rápidamente”. “Pero lo que sí necesitamos es inversión en el fútbol femenino. El fútbol masculino no alcanzó unas dimensiones tan grandes sin inversión, sin que se construyesen instalaciones, sin personal médico, sin horarios, sin competiciones, sin todas las cosas que clubes, ligas y selecciones nacionales proporcionan. La misma inversión debería hacerse ahora con el fútbol femenino, y cuando llegue ese momento, estoy convencida de que crecerá”, dice para acabar.

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