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‘El pie del futbolista: ¿Por qué se producen las lesiones?' El análisis de Pedro Guillén

En el pie del futbolista las lesiones se presumen en función de datos muy específicos. Las cualidades de las superficies del juego con hierba se modifican según las condiciones atmosféricas y añaden dificultades de adaptación al suelo, sea cual fuere el tipo de bota.

Las botas modernas, siempre con tacos o similares, buscan la mejor adherencia y se fabrican ligeras, estéticas, funcionales, protectoras y que permiten libertad de movimientos al tobillo o articulación tibiotarsiana.

Quitar o privar del balón al adversario es la esencia del fútbol; esta maniobra se realiza principalmente con los pies y por ello son vulnerables a los traumatismos involuntarios y también a los malintencionados con la suela armada de tacos.

La bota moderna protege el tobillo y la articulación subastragalina y, además, disfrutan de propiedades que les permiten golpear, conducir y dominar el balón sin que se dañen las partes blandas del pie.

Tras muchos años de practicar fútbol el pie sufre lesiones de las partes blandas y de los huesos, y nos vamos a referir a la fractura del quinto metatarsiano del pie. La fractura del quinto metatarsiano es producida por inversión forzada de la parte anterior del pie o por traumatismo directo. Los deportes de más lesiones en el pie son el fútbol, baloncesto, rugby y después los deportes de carrera.

El futbolista relata antecedente de traumatismo y dolor en la parte externa del pie, que se acentúa con la carga y no soporta la presión de la bota. El diagnóstico se realiza, aparte de por la clínica, con radiografía. En casos de duda, se recurre a RM o TAC.

La fractura de la cola o tercio proximal del quinto metatarsiano es la más frecuente de las lesiones óseas del pie y los problemas que plantea se deben sobre todo al déficit del riego sanguíneo que condiciona el retardo o la no consolidación ósea.

Las tres localizaciones de la fractura son las siguiente: las de tipo I, que es la más frecuente, que goza de buena circulación y cura bien con inmovilización (yeso-bota); y las de tipo II y III, que sufren de falta de riego y precisan cirugía-osteosíntesis (tornillo de rosca corta o placa) más injerto óseo extraído del propio paciente, ya que si no se hace así existe el peligro de que la fractura no cure o consolide.

Artículo publicado en el cuarto número de nuestra revista O11CE METROS.

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